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21.5.13

DIARIO DE CAMPO


Administramos los ocho cuestionarios el día 29 de abril de 2013 a las doce del mediodía aproximadamente. Fuimos mi compañero, Adrián Gil Díaz-Albo y yo, Patricia Morrugares Portero, a la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, en Somosaguas, Pozuelo de Alarcón.


Cuando mi compañero y yo nos vimos en la tesitura de elegir a qué facultad debíamos ir para la realización de la tercera práctica propuesta en clase, decidimos realizarlo en conjunto para facilitarnos el trabajo, ya que dos piensan mejor que uno, trabajando así en equipo de apoyo. Así pues, sólo nos quedaba elegir dónde íbamos a repartir los 16 cuestionarios de los que disponíamos. Decidimos dirigirnos a la facultad de psicología, más concretamente la cafetería de la misma, situada en la planta cero del edificio. Las razones que nos llevaron a tal toma de decisión fueron variadas, la primera era la cercanía a nuestra misma facultad, Ciencias Políticas y Sociología; la segunda razón era una supuesta mayor predisposición para la realización de los cuestionarios, puesto que estarían de algún modo más acostumbrados a tal práctica y habría por su parte mayor comprensión y apoyo; la tercera y última razón es la que concierne a la cafetería, allí los alumnos estarían más relajados y tendrían mayor disponibilidad y atención para con nuestro trabajo.

A la hora de plantearles la práctica no nos encontramos prácticamente ninguna dificultad, en la cafetería había algunos alumnos, pero no había demasiada gente que incordiara nuestra práctica. Cabe decir, que ninguna de las personas invitadas a la realización del cuestionario se negó, sólo una pareja no la hizo y fue porque no estudiaban en la Universidad Complutense de Madrid, y la muestra que nos interesaba en nuestra investigación era únicamente estudiantes de la UCM. Así pues, nos dirigimos a un grupo de tres personas, dos chicos y una chica, que conversaban tranquilamente en la cafetería, elegimos un grupo y no a una persona individual para realizar un número mayor de cuestionarios en menos tiempo. Nos dirigimos a ellos y nos presentamos, aludiendo a nuestro nombre, nuestra ocupación y la razón de nuestra interrupción. En esa presentación, omitimos intencionadamente nuestros estudios, pues que presentarnos como “sociólogos” podría condicionarles negativamente en la toma de decisión, les explicamos a los sujetos investigados el anonimato del cuestionario, la posibilidad, así mismo, de recibir información posterior sobre el estudio si al final del cuestionario nos facilitaban su e-mail y de qué trataba el cuestionario, del uso de las “nuevas tecnologías”. Terminamos dicha presentación diciéndoles que en caso de haber alguna duda en el proceso de completar dicho cuestionario, nosotros se la solucionaríamos, que “para eso estábamos allí” y que el no les iba a ocupar mucho tiempo, unos diez minutos/cuarto de hora. Algunos pidieron un bolígrafo, que nosotros amablemente les facilitamos y esperamos a una distancia prudente para que no se sintieran presionados, pero sin que pudiesen olvidar nuestra presencia en caso de duda.

Mi compañero y yo nos separamos, trece de los dieciséis encuestados realizaron la práctica sin ninguna dificultad, dos de los restantes me preguntaron alguna duda sobre el cuestionario, una sobre el significado de una tecnología y otra sobre una pregunta del mismo. Otro de los encuestados restantes me entregó el cuestionario sin haber hecho una pregunta, cuando me hizo entrega de él, lo revisé como había hecho con todos y al darme cuenta volví y le pedí que por favor me rellenara la pregunta en cuestión, él chico me la rellenó pidiéndome disculpas por su despiste

Durante el proceso de cumplimentación observamos como algunos que se encontraban en grupos comentaban entre ellos el cuestionario, y algunos de los que estaban solos (una chica y un chico en particular) miraban el móvil mientras lo rellenaban. Cabe destacar el visible aburrimiento/cansancio de algunos de los sujetos, puesto que hacía gestos que evidenciaban lo dicho en líneas anteriores, sobre todo en las últimas páginas del cuestionario.

En referencia al tiempo que tardaron los encuestados, la media que calculamos entre mi compañero y yo es alrededor de unos veintiún minutos. La gran mayoría tardó menos, (una chica incluso tardó tan sólo 10 minutos en rellenarlo) pero, una del encuestadas aumentó la media, tardando treinta minutos aproximadamente en rellenar el cuestionario.

Concluyendo con la valoración global del trabajo, diremos que ha sido positiva. Ambos íbamos con la idea de que iba a ser un trabajo algo difícil, pero la predisposición de los encuestados y la no negación de los invitados desmontó  la idea en apenas unos minutos. Los encuestados eran chicos y chicas jóvenes de primer, segundo y tercer grado de la carrera de psicología, hubo una chica que me comentó al hacerle la invitación “hoy por ti, mañana por mi” sonriendo.